Tengo una burbuja. Con sus paredes. Su suelo. Su cama. Su
calefacción. Su ventana. Su ordenador... Todo lo que suele tener una habitación
normal y corriente, vaya. Pero es más que eso. Es mi refugio. Es mi madriguera.
Mi agujero. Un lugar seguro y cómodo. Mío. Y nunca antes había tenido algo así,
únicamente MÍO. Insisten en que salga. Que tengo que vivir fuera, que la vida
no se puede limitar en estudiar, trabajar, y estar aquí encerrada. Que acabaré
perdiendo la cordura. Que puede que ya lo esté haciendo... Yo miro por la
ventana, y veo el mundo. Veo una ciudad que no me gusta, a pesar de estar
impregnada de nuevos buenos recuerdos. Impregnada de él. Pero no es la ciudad
que quiero ver por mi ventana. No tengo fuerzas para salir. ¿Para qué? Las que
llamo "mis amigas" no me entienden. Y yo a veces tampoco las
comprendo a ellas... Aunque creo... Que nadie logra entenderme del todo.
Ciertas personas lo intentan, algunas se acercan bastante... Pero no me
entienden. No entienden que no saldría de aquí nunca si pudiera. Que cada
mañana, cada vez que suena el despertador por la mañana tengo que hacer un
esfuerzo sobrehumano para levantarme, y aún más para ir a clase. Y aguantar
cuatro horas en un lugar que detesto. Son las cuatro horas del día. Estoy
deseando salir de allí para volver a casa, a mi burbuja. Dicen, que es esta
bendición la que me maldice. Que un rincón protector puede acabar siendo mi
perdición. Que tengo que relacionarme. Salir. Tiene que darme el sol. Me lo
dice hasta mi novio, que me prefiere nívea y blancuzca, más que morena y con
piel de caramelo... Sé que a los que les importo están preocupados. Yo también
lo estoy. ¿Por qué de repente este aislamiento? No lo sé. Siempre le tuve
cierta repelencia a esta ciudad, supongo que porque me fue impuesta. Pero aún
así, ahora mi vida es casi como siempre deseé. Casi. Una no puede tenerlo
todo... O no al mismo tiempo... Mientras encuentro la respuesta a mis
preguntas, seguiré aquí.
Lo que escribimos es lo único que quedará de nosotros.
martes, 3 de junio de 2014
lunes, 26 de mayo de 2014
Milagro
Si me hubieras dicho hace unos meses que iba a pasar las mejores vacaciones de mi vida sin salir de mi exilio, te hubiera tratado de loco. Pero ya estás. En camino. Hacia mí. Hacia un futuro.
Llega la hora. Mi estómago me avisa que estás cada vez más
cerca. Algo de mí tira con fuerza, y no puedo esperar más tiempo en el asiento
de ese coche. Necesito salir. Buscarte. Aún faltan unos minutos. Apenas minutos
para poder abrazarte. Sé que aún tendré que esperar, pero quiero estar allí
cuando llegue tu autocar. Enciendo el cigarro. Una calada. Dos. Cinco. Diez. No
llegas. No, no, ahí. Ahí está tu autocar. Estaciona a mi lado. Me olvido del
cigarro. Ahora lo único que quiero que ocupe mi boca, es la tuya. Ahí, ¡ahí
estás! Dios mío... Tan guapo como siempre.. Y esa camisa... Me he enamorado de
esa camisa. Hace calor. Pero no son los 30 grados del ambiente. Hace calor
porque te tengo aquí, en esta ciudad maldita. Por fin. Por fin mi milagro. Por
fin... Te abrazo y no puedo soltarte. Temo que el conductor diga "bueno,
ya ha sido suficiente, viajeros a Madrid, suban y entreguen su billete".
Me niego a soltarte. A dejar de mirarte. A dejar de besarte...
Mi madre te examina, y no necesita más que mirarnos. Juntos
por fin. Enamorados. Nos roba un ratito de la tarde para descubrirte los
rincones más artísticos de la ciudad. Ya me ocuparé yo luego de descubrirte la ciudad desde
mis ojos.
Me muero por llegar
al hostal contigo. Me muero por dormir contigo. Por vivir contigo los primeros
4 días de una vida entera. Y ahí estamos. Nuestra cama, los próximos días.
Nuestra.
Acostumbrada a los parques, y a los rincones oscuros de la ciudad,
esta cama se me antoja una nube. Tu cuerpo junto al mío. Yo no sé bien qué
hacer, y me dejo llevar. Me dejo llevar... No quiero despertar de este sueño...
No quiero despertar de el éxtasis de felicidad que me embriaga cuando te tengo
cerca. No quiero despertar de las noches durmiendo a tu lado, exhausta. Ni
quiero despertar de los insomnios de verte dormir destapado, a la luz de la
luna, memorizando tus rasgos, y fumándome un cigarro mientras te miro sin que
te des cuenta. Quiero una vida así. Quiero así todos los días. Te quiero todos
los días de mi vida a mi lado. Ni un segundo menos.
domingo, 11 de mayo de 2014
Reflexión
A veces me pregunto... ¿Por qué las carreras universitarias
otorgan más prestigio que la creatividad? ¿Les recuerdo que en las
universidades se estudia la vida de escritores, pintores, escultores,
músicos...? ¿Por qué es considerado una locura dedicar tu vida a escribir,
pintar, esculpir o componer música? ¿Qué sería de su "cultura" sin
Shakespeare, Van Gogh, Miguel Ángel, Mozart...? ¿Por qué no un escritor
amateur, un graffitero, un niño con un pedazo de arcilla, o un rapero? No lo
entiendo... ¿Por qué profesiones como estas son consideradas menos? ¿Por qué
hemos de sacrificar nuestro ocio post-laboral para dedicarnos a lo que
realmente nos gusta? ¿Por qué si tenemos dificultades para memorizar datos
inútiles somos malos estudiantes? ¿Por qué si no entendemos las derivadas y nos
pasamos las clases de matemática avanzada dibujando somos unos vagos? No se han
parado a pensar en aquellas personas que no encajan en nuestro actual sistema
educativo, ¿verdad? ¿Por qué hoy en día no se puede vivir de la creatividad,
pero sí de los números, o de la física, o de las desgracias ajenas? ¿Por qué
alguien que pasa cuatro años en una universidad es más que una peluquera con
dos años de preparación? ¿Por qué un máster en el currículum pesa más que un
premio Planeta? ¿Entienden lo que quiero decir? Hoy ningún padre quiere ver a
su hijo abandonando los planes que ELLOS tenían para su retoño, y dedicarse a
cualquiera de las profesiones anteriormente nombradas. Sí, dije profesiones. En
ellas, como en todas, se requiere un aprendizaje, una evolución... Y éstos son
constantes. Probablemente además con mayor desgaste que cualquier directivo de
un banco. Y con toda seguridad, más humildes. Así pues, empaticen un poco.
¿Quién no quiso de pequeño viajar a la luna, ser bombero, veterinario..? ¿Y
cuántos de ustedes consiguieron lo que anhelaban? A eso voy queridos lectores,
no nos miren raro por querer dedicar nuestra vida a escribir, dibujar, o crear
música. Nosotros luchamos más que cualquier otro, pues hemos de pluriemplearnos
si queremos estar un poquito más cerca de nuestros sueños. Nos es imposible a
día de hoy vivir únicamente del arte. Así que buscamos "empleos
colchón" que nos exploten y absorban nuestras energías, para después poder
volcarnos en lo que realmente mueve nuestra vida: el arte. A veces incluso
hemos de quitarnos horas de descanso. Y nuestro sistema podrá agotarnos, podrá
arruinarnos, podrá intentar robotizar nuestras mentes, pero la creatividad no
se diluye así como así. Dicho esto, les invito a que escriban un libro, pinten
un cuadro, tallen en la madera, creen música... No, a día de hoy y
probablemente tampoco en el futuro, puedan vivir de ese esfuerzo, los bolsillos
ya se los llena su empleo (por mal pagado que sea), pero el arte... El arte les
llenará la vida. Se lo digo yo.
sábado, 10 de mayo de 2014
Morir y amor, viene a ser lo mismo
¿Cómo hacerle ver a alguien que es maravilloso? ¿Cómo, con palabras, describir todo lo que se siente en un beso, en una caricia, en una mirada, un orgasmo...? Cuando me besa... Me muero. Todo está oscuro. No hay nada más que su boca envolviendo la mía. No hay nada más. Absolutamente nada. Cuando me acaricia... Un resplandor me ciega, y resucito. Y si me mira...Vuelvo a morir. Para volver de nuevo con las llamas de un orgasmo quemando todo cuanto encuentra a su paso. Abrasándome por dentro. Y por fuera. Y todo cuanto haya alrededor. Y entonces... Entonces me besa... Todo a su lado es un bendito círculo vicioso. Que se repite. Y se repite. Y no acaba. ¿Qué más da echarnos de menos? ¿Qué más da la distancia? ¿Qué más dan las heridas? Meros rasguños. Qué más da... Si muero y nazco cada segundo que paso cerca de él...
martes, 8 de abril de 2014
Gracias
Hay personas que marcan un antes y un después en tu vida. Y tú eres una de ellas... Te conocí en el momento más duro de mi existencia. Fuiste un apoyo cuando nadie más lo era. Y ambos sabemos que no es un tópico, que en aquel lugar frío teníamos el calor del otro. Que no había mejor paliativo para el dolor que la compañía mutua. Aquel dolor que sólo comprendíamos nosotros. Aquel dolor que nos unía. Nadie nos visitaba, y llenábamos las horas con graffitis y partidas de ajedrez.Qué más dan los errores del pasado... Tiene que darte igual lo que los demás piensen de ti, eres maravilloso así, con tus empanadas mentales y las risas sin venir a cuento. No cambies. Por favor. Y disfruta de la vida. Exprímela. Sácale el jugo a mi lema. Te lo presto. Úsalo. Hazle caso. "Ni retirada, ni rendición", ¿vale? Nunca. Y si el objetivo se te antoja imposible, no renuncies, sólo cámbialo. Pero nunca te rindas. La vida es demasiado preciosa como para dejarla pasar sin vivirla. Con sus mierdas y todo, créeme. Y sobre todo; sé feliz. O intenta serlo. Siempre tendrás un puerto seguro entre mis brazos, recuérdalo cuando la tempestad amenace con ahogarte. Recuerda, que siempre estaré aquí.
miércoles, 2 de abril de 2014
Crisis sentimental
Ojalá el amor fuera como
el sexo. Ojalá se regalara por las esquinas... ¿Quién dice que no
acabaré sola? A veces lo creo. A veces creo que ser simpática, inteligente,
guapa, o sexy no es suficiente. Que tener talento no es suficiente. Que ser diferente no es suficiente. Que nada de lo que soy es suficiente. ¿Por qué
razón entonces sigo sola? Y ya me sé el típico consuelo de "si no hay
nadie que sepa apreciar cómo eres no merece la pena". ¡Eso ya lo sé
gilipollas! Consolarme no sirve de nada. Sigo yendo al cine sola. Sigo
durmiendo sola. Sigo abrazando una fría almohada por las noches. Y escuchando
música por la calle con el fin de evadir mis sentidos y embotarlos de acordes
con el objetivo de nublar mi percepción y no ser consciente de las parejas que
pasean de la mano, o de los más indiscretos que se comen la boca delante de los
que nos morimos de hambre. No es justo. No. Es. Justo.
martes, 25 de marzo de 2014
VALERIA (Cuento finalista del II Certamen Hijos de Mary Shelley)
Estaba oscuro y llovía. La
carretera parecía un lobo dispuesto a tragarse todo cuanto intentara circular
por ella. Ignacio conducía cauto, como siempre, pero las ruedas de la Suzuki no
daban más de sí. Sentía el corazón desbocado de Valeria contra su espalda.
Nunca compartió su afición por las motos, pero habían perdido el último Metro
de la noche y no les quedó más remedio que resignarse a llegar empapados. Él le
prometió compartir un baño caliente al llegar a casa si aceptaba viajar de
copiloto, así que hizo un esfuerzo.
Valeria tenía un encanto
especial. Nacho no pudo resistirse cuando su amigo Samuel se la presentó en una
fiesta. Ambos eran vecinos, y quedó totalmente hechizado nada más verla; no
había mujer que luciera con tanto estilo su feminidad. Sus largas piernas, y
sus ojos de gata lo cautivaron al instante. Hacía ya dos años de eso. Y cada
mañana al coincidir con Samuel en el rellano, le agradecía haberle presentado a
aquella chica; la mujer de su vida según él. Samuel siempre asentía con una media
sonrisa sin decir nada, "siempre fue un chaval algo raro" comentaba a
veces con Valeria. Y ella se limitaba a encoger los hombros.
Todo iba bien, quedaban
apenas cinco manzanas, tres semáforos como mucho. Velocidad media, y todos los
sentidos alerta, pero Ignacio echó mano del freno para reducir en un cruce y...
No respondía. Aterrado descubrió que la máquina no reducía su velocidad, y a
cámara lenta desde la percepción del pánico, vio que un camión se acercaba
vertiginosamente a ellos desde la izquierda. Valeria no era consciente de lo
que ocurría, pues cuando iba en moto siempre cerraba los ojos esperando que al
abrirlos el viaje hubiera terminado. Sólo supo lo que pasaba cuando una
sacudida seguida de un vacío en el pecho la separó de la espalda de Nacho. Su
cuerpo volaba por los aires en dirección opuesta a la de la moto. La cabeza le
rebotó en el suelo, y perdió la consciencia.
Despertó en su habitación,
algo se removía al borde de la cama. Al entornar los ojos pudo distinguir a
Samuel durmiendo en el suelo, sobre una colchoneta hinchable de playa. Pero ni
rastro de Nacho. Le llevó un tiempo analizar la situación. Y el recuerdo del
accidente caía como una losa sobre ella. El brutal choque... La sangre... Nacho
tendido inmóvil a unos metros de ella. Ella... que no pudo hacer nada...
"Malditas máquinas infernales..." murmuró. Samuel salió del
duermevela, y al verla despierta las ojeras que enmarcaban su cara cobraron
luz.
-Por fin... Creí que no
volvería a verte despierta. Llevas una semana durmiendo. En el hospital
creyeron que lo mejor sería traerte aquí.
Entonces pudo enfocar la
vista, y detectó a su alrededor la maraña de vías que la rodeaban. Notaba su
propio cuerpo liviano y pesado al mismo tiempo.
-¿Dónde está Nacho?
Sacó fuerzas de donde no las
tenía, e intentó incorporarse al tiempo que formulaba la desesperada pregunta.
-Valeria, yo...
-Quiero verle. Ahora.
Samuel agachó la cabeza, la
tomó entre sus brazos como pudo, pues aunque la pérdida de peso de su amiga era
evidente, sus hombros se quejaban por la carga. Caminó por la casa de su amiga,
toda para él. Toda suya. Sintiéndose dueño y señor de su cuerpo. Cuerpo al que
había velado siempre, y que ahora, le pertenecía. Giró por el pasillo y se
adentró en una habitación semi-iluminada. Nacho estaba tendido sobre una
camilla de hospital. Respiraba gracias a una mascarilla de oxígeno, y le
alimentaban vía intravenosa. Estaba aparentemente despierto, parpadeaba
incluso, pero no respondía a ningún estímulo.
-¿Qué... por qué no se
mueve? ¡Nacho! -gritó desesperada zarandeando a su novio.
-Cariño... se rompió la
espalda... No puede moverse... Ni siquiera respira por sí mismo, y mucho menos
habla. Entiende todo, eso sí.
Quería huir de allí. Lejos.
Intentó zafarse de los enclenques brazos de Samuel, pero nada más poner un pie
en el suelo, se derrumbó. La desesperación se tradujo en un llanto seco,
lloraba sin lágrimas, pero gimoteaba cual animal herido de muerte. Ya no era
nada. Ya no era nadie. Quería acabar con aquello. Quería... Samuel sostenía la
jeringuilla clavada en su brazo, y poco a poco su visión se fue difuminando. No
se desmayó, pero todos sus sentidos se espesaron. La llevó de nuevo a la cama,
y con una fuerza de la que no le creía capaz, fue desgarrando a jirones su
camisón. Sería suya y nadie se lo iba a impedir. Ni siquiera ella. Era
ligeramente consciente de lo que pasaba. Sentía muy lejanas las embestidas de
Samuel, pero con la mente tan difusa por la droga, era incapaz de detectar si
era o no real. Ya nada tenía sentido para ella.
Pasaban los días, y en
aquella casa no se hablaba del repentino deseo de Samuel, ni del encuentro de
sexo forzado, ni prácticamente de nada. Samuel había estudiado enfermería, así
que se hacía cargo de los dos inválidos. Intentó volver a acostarse con Valeria
sin la ayuda de los fármacos, pero ella cada vez se cerraba más, apenas comía,
apenas hablaba. Pasaba las horas muertas con el ordenador haciendo no se sabe
qué, y a Samuel ignorar lo que ocurría, le encolerizaba. Le gritaba a veces que
menuda forma de agradecerle sus cuidados, y Valeria se limitaba a ignorarlo con
ese aura de superioridad sobre todo ser humano que siempre la rodeaba. Aun
ahora, no pudiendo valerse por sí misma.
Empezó a concienciarse de
que Nacho no iba a salir de aquello, y que siempre iba a ser una carga para
alguien. Pocas cosas había que pudiera hacer por sí misma. Incluso Samuel debía
ayudarla en la ducha, y mientras enjabonaba su cuerpo perfecto, no dejaba de
repetir día tras día que "era un desperdicio dejar oculto ese encanto
mágico".
Aquellas palabras le dieron una idea.
Empezó a publicar a diestro y siniestro anuncios en páginas de contactos, tales
como "encuentros sexuales sin compromiso ni remuneración", "no
te arrepentirás", "insaciable"...
Y pronto, su cuerpo, su
encanto, fueron su salvación. O eso creía. Cada noche, una polla distinta. Cada
noche, un placer diferente. Cada noche, sexo. Mucho sexo. Y cada mañana...
sangre e intestinos adornando sus sábanas. Y un cadáver a su lado. El
primer día que esto ocurrió, su grito removió las entrañas del Averno. Samuel
acudió en su auxilio, y vio espantado cómo el galán que por la noche cenaba en
la cocina lo que él se había preparado, yacía ahora abierto en canal. Miraba a
Valeria, y en su cara la decepción, y el terror.
-¡Has sido tú! ¿¡Qué coño
has hecho, pequeña zorra!? ¿¿¡¡Eh!!??
-Yo... yo... no he hecho
nada- balbuceaba ella.
-Estás jodida, muchacha,
nunca me iré de aquí, o la policía sabrá de esto. Puta psicópata...
Valeria no lloraba. No sabía
cómo, pero cada noche, cada hombre que aparecía en su puerta, cada cena juntos,
cada amanecer... Eran iguales. Cada mañana aparecía un cuerpo a su lado. Y
resultó rutinario para Samuel deshacerse de todo, con la única condición de
disfrutar enteramente del cuerpo de Valeria. Y ella aceptaba. Se dejaba hacer,
con la seguridad de que él callaría y por la noche un nuevo sujeto perecería
entre sus piernas. Hombres variados, el efímero descanso a toda aquella locura.
Hombres en los que buscaba la pasión perdida.
Entre tanto, Nacho seguía
desde su camilla los pasos de todos. Escuchaba, analizaba, y quería morir. Cada
noche tenía que soportar los gemidos de su novia, fruto de las manos de un
hombre que no era él. Y cada mañana, nuevos orgasmos, con la firma de su jodido
mejor amigo. "Ese cabrón de Samuel..." pensaba, "un día lo
mato... ¡Lo mato!"
Ese día llegó antes de lo
previsto. Samuel había pasado la noche fuera, murmuró algo sobre un
"imprevisto", y se fue sin decir más. Poco después llegó el idiota de
turno que moriría aquella noche entre las piernas de su novia. Nacho sabía. Lo
sabía todo. Las cenas que preparaba Samuel, adrezadas con todo tipo de
sedantes. Las bolsas de basura en las que se llevaba los cuerpos, los bisturís
que utilizaba para abrir en canal a sus víctimas, los desinfectantes... Antes
de que Valeria despertara, hablaba mucho con él;
-Si te mato, Valeria querrá
morir contigo. Lo mejor es fingir que vas a quedarte ahí postrado siempre, esto
que te estoy poniendo ahora- decía mientras le inyectaba una nueva dosis en la
vía -es un inhibidor del sistema motriz. Vas a joderte, y vas a escuchar cómo
me la follo todos los putos días de tu existencia, miserable. Tenías que
haberte quedado en esa jodida moto, tenías que estar muerto, ¡tiene que ser
mía! ¿Sabes una cosa? Vas a morir, tarde o temprano.
Lo que Samuel ignoraba, era
que él también... Aquella mañana no se oía el característico sonido que produce
un cuerpo al ser descuartizado, aquella mañana todo era paz. Y él podía
moverse, oh si, podía. "Ese capullo se quedó corto con la dosis anoche,
será idiota..."
Se incorporó deshaciéndose
de las agujas y la mascarilla, estaba algo mareado... No en vano, llevaba
semanas entumecido y recostado. Buscó a Valeria con la intención de llevársela
de allí, pero recordó que si quería joder bien a ese cabrón que en su día se
hizo llamar amigo, necesitaba pruebas. La dejó dormir un poco más en brazos de
aquel desconocido, el primero que llegaba vivo al alba.
Nacho conocía de la
existencia de un cuaderno de Bitácora en el que aquel cabronazo dejaba
constancia de las medicaciones, los métodos para acabar con sus víctimas...
Todo. Lo necesitaba. Ya. No sabía cuándo podría regresar Samuel...
La puerta se abría en aquel
momento, Nacho corrió a su camilla y fingió no haber dado aquel paseo. En su
mano izquierda ocultaba un bisturí.
Samuel llegaba de mala
hostia, no en vano había salido corriendo la noche anterior, sin suministrar a
sus víctimas la droga que le permitía llevar a cabo su trabajo tranquilo. Matar
a alguien estando consciente era más difícil de lo que parecía. Cortarle los
frenos a la moto debió de ser suficiente para librarse de él. Las cosas se
torcieron, y ahora volvían a hacerlo. Primeramente debía sedarlo de nuevo, o
podría levantarse. Fue a su habitación con la dosis correspondiente, y ante su
sorpresa, Nacho sonreía con una mueca sádica.
-Todo lo que te has jodido a
mi novia, te voy a joder yo ahora, cabrón.
Y le hundió todo lo que pudo
el bisturí en el pecho. Se desencadenó la rabia en Samuel, y ambos rodaron por
el suelo. El ruido despertó a Valeria, y al atónito chico que dormitaba a su
lado veía cómo dos hombres intentaban matarse.
-Corre, vete, y no le digas
nada a nadie, sé donde vives - amenazó Valeria, y él salió corriendo sin hacer
preguntas.
Valeria les tiró la lámpara
de la mesita de noche, acertándole a Samuel en la frente, éste se volvió
encolerizado, aún con el bisturí clavado en el pecho, del que no dejaba de
manar sangre, espesa y violácea. Avanzó hacia ella con una jeringuilla en la
mano, y por al camino recogió del suelo la lamparita, para rompérsela en la
cabeza. Nacho gritó de pura rabia, y acertó a clavarle un nuevo bisturí en la
espalda. Samuel se retorció, y de su boca empezaron a burbujear ríos de
sangre negra. En los últimos estertores fue capaz de clavarle a Nacho la
jeringuilla con una dosis tres veces mayor de lo habitual. Éste lo tiró al
suelo, lejos de Valeria, mientras contemplaba con horror cómo se desangraba
entre sus brazos. Valeria... La mujer que lo volvió loco. La mujer de los
flujos de miel, y la sonrisa canina.
-Cariño, todo va a salir
bien...
Intentaba convencerse a sí
mismo, convencerla a ella, de que estaba viva, tenía que estarlo, pues
desabrochó los botones de su camisón, y aún emanaba de su pecho el olor a
vainilla que la caracterizaba. Sus pechos aún despuntaban hacia el cielo, sus
entrañas aún estaban húmedas. Para él. Sólo para él... Y sin pensárselo, hizo
suyo el cuerpo que nunca fue de nadie, más que de ella misma.
Días después el chico que
huyó en calzoncillos por las calles desiertas de un Madrid que se desperezaba,
volvió a la casa. Quería comprobar que aquel encanto de chica estaba bien,
aunque conviviendo con aquellos dos brutos lo dudaba. Encontró la puerta del piso
entreabierta, y en el suelo de la habitación, un cuerpo enclenque y
ensangrentado. Sobre la cama, Valeria estaba tendida, con chorretones de sangre
seca por el rostro marmóleo e inmóvil, y sobre ella, como una estatua, aquel
chico del bisturí, penetrándola aun después de muerto, con una jeringuilla en
el brazo...
"Juntos hasta el final,
mi amor. Hasta el final..."
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